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Ricardo Darín: "El autismo puede ser un síntoma de una enfermedad de base". @BombitaDarin @rbteran


El síndrome de Phelan McDermid, es un trastorno del neurodesarrollo de características variables y con una causa genética conocida, se considera una enfermedad rara, aunque en realidad desconocen la frecuencia con la que se presenta. Para aumentar su visibilidad y mejorar así su diagnóstico, eligieron el día 22 de octubre como su día internacional.La mayoría de afectados tienen síntomas de autismo y esto hace pensar que conocerlo permite no solo diagnosticar a los pacientes que lo tienen, sino también comprender mejor los mecanismos implicados en el desarrollo del autismo.
Las condiciones en el espectro del autismo –CEA– se caracterizan por dificultades en el desarrollo del lenguaje y en la interacción social, así como por una conducta rígida con intereses poco variados. Son estas tres características las que permiten hacer el diagnóstico ya que no existen marcadores biológicos, pruebas médicas, que permitan corroborar el diagnóstico clínico. Los síndromes de causa conocida que comparten síntomas de autismo pueden ser entonces de gran ayuda para entender y aprender como suceden los trastornos del neurodesarrollo.

El mensaje de Ricardo Darín:
El síndrome de Phelan McDermid se conoce también como delección 22q13. Esto quiere decir que, de los 46 cromosomas que tienen las células humanas y que determinan las características y el funcionamiento corporal, el cromosoma número 22 ha perdido un trozo en uno de sus extremos. El trozo que falta puede ser más o menos grande, pero, para que pueda hacerse el diagnóstico de síndrome de Phelan McDermid, en todos los casos deberá afectar al gen SHANK3, fundamental para la comunicación entre neuronas y por tanto para la formación de circuitos cerebrales.
La pérdida de función del gen SHANK3 afectará por igual a niños y niñas, casi todos nacen con un tono muscular bajo –hipotonía– y después presentarán un retraso que puede afectar a todas las áreas del neurodesarrollo o sólo al lenguaje, que incluso podrá no aparecer nunca.
La mayoría tendrán rasgos físicos comunes, pero suelen pasar desapercibidos por ser poco llamativos. Lo más frecuentes es que tengan una estatura es normal o acelerada para su edad. Las manos grandes y carnosas. Las uñas de los pies son pequeñas y finas en el niño pequeño y se hacen gruesas, con bordes que crecen hacia adentro, a medida que avanza la edad. Las pestañas son largas y las cejas espesas.
En la mitad de los niños hay además rasgos cráneo-faciales más definidos. Pueden tener la cabeza alargada y estrecha, las orejas grandes y prominentes, las mejillas y los párpados hinchados, a veces caídos, los ojos hundidos y separados, la nariz bulbosa y la barbilla afilada. Sudan poco, por lo que se acaloran fácilmente.
Es frecuente que resistan el dolor, porque su percepción dolorosa está disminuida y también es frecuente que de forma continua estén masticando o mordisqueando. Además pueden presentar dificultades para beber y comer en relación con la hipotonía.
Son menos habituales los problemas renales –infecciones de orina–, gastrointestinales –vómitos repetidos o diarrea crónica–, dentales –mal oclusión dental o paladar ojival– y otitis frecuentes, pero hay que conocer su asociación al síndrome 22q13 para tratarlos cuanto antes.
Hasta 3 de cada 4 niños con síndrome de Phelan McDermid tendrán síntomas de autismo. Menos frecuentemente, podrán presentar convulsiones.
No todas las personas con autismo tienen alteraciones demostrables en su ADN y cuando se encuentra alguna anomalía genética en niños con autismo, no siempre se conocen sus consecuencias.
Pero el caso del SHANK3 es diferente, porque sí conocemos su función y, en parte, las consecuencias de su déficit. Se han encontrado al menos 43 mutaciones del gen SHANK3 en personas con CEA. La mayoría de estas mutaciones interrumpen la función de la proteína o impiden que se produzca.
No se conocieron los mecanismos precisos por los que los cambios en el gen SHANK3 contribuyen al desarrollo del autismo, pero resulta plausible que el déficit de proteína disminuya la formación de sinapsis y por tanto altere los circuitos cerebrales, lo que junto a otros factores ambientales, concurre a la aparición de los síntomas de autismo
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