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El Papa se despidió de Estados Unidos tras su histórica gira.


Francisco inició su agenda norteamericana en la ciudad de Washington, donde fue recibido por el presidente, Barack Obama, en la Casa Blanca, y realizó la primera canonización en suelo estadounidense al convertir en santo al misionero español Junípero Serra, además de convertirse en el primer pontífice en dirigirse al pleno del Congreso local.
Allí, como en toda la gira de cinco días que incluyó Nueva York y Filadelfia, el líder del Vaticano abordó la situación de los inmigrantes -que en Estados Unidos suma cerca de 11 millones de personas- frente al mismo Congreso que, manejado por mayoría republicana, se niega a dar espacio a la tan reclamada reforma migratoria.
Frases como "nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros”, o "no se desanimen por los retos y dificultades que tengan que afrontar", o "al contribuir con sus dones, no sólo encontrarán su lugar aquí sino que ayudarán a renovar la sociedad desde dentro”, lograron los aplausos y celebraciones entre sus seguidores.
Ovación que se repetiría en cada uno de los lugares por donde el Papa se encontrara o pasara y que provocaba una reacción de júbilo, gritos y entusiasmo que se transformaba automáticamente en una gran masa de energía que empapaba el lugar y desbordaba de esperanza los rostros de los feligreses. Vía @AgenciaTélam
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