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Lila Downes paseó su explosiva mixtura en el Gran Rex.

Convertida en una de las voces principales del actual canto latinoamericano y dueña de una teatralidad escénica que la convierte en una performer de altísimo vuelo, la Downs volvió a entregar en una Buenos que se acostumbra a tenerla en sus recorridos internacionales, el pegadizo, urgente y contagioso mix que combina en un no tan extraño puchero musical sonoridades y cantos de la tradición popular mexicana con vibraciones actuales, inflexiones y reflexiones propias.
La banda multicultural dirigida por el saxofonista Paul Cohen (que además es su esposo) e integrada por Jerzain Vargas en trompeta, Leo Soqui en acordeón y jarana, Angel Chacón en guitarra eléctrica, Paty Piñón en percusión, Luis Huerta en batería y Giovanni Buzzurro en bajo y que reúne a mexicanos, norteamericanos, peruanos e italianos, es la encargada de entregar este sonido que respeta cierta inflexión de la tradición mexicana pero al mismo tiempo sobrevuela la facilidad de la world music y que el templado y maravilloso canto de Downs es capaz de ordenar y conducir a través de cierto caos que parece caracterizarla.
En la propuesta musical del grupo, que con mano maestra dirige el saxo de Cohen, todo es, básicamente, energía, algo que el espectáculo trasladó a su escenografía, con cierto exceso de luces brillantes.
El show arrancó con el corrido “La cruz de madera”, de Luis Méndez Almengor, hilando siete temas sucesivos del nuevo disco que la Downs vino a presentar a la Argentina.
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